El sonido del agua en las calles vacías
- Marisol Vera Guerra

- 8 mar
- 5 Min. de lectura

El sonido del agua en las calles vacías es una obra de madurez. Su autora, Yolanda Loredo Meléndez (narradora y poeta originaria de San Luis Potosí, radicada en Nuevo León desde hace varias décadas) ha reunido 16 historias escritas a lo largo de los años, donde aparecen vidas tan cotidianas como trágicas.
Con un estilo definido, caracterizado por frases breves y atmósferas sutiles, nos va mostrando a los lectores el complejo universo psicológico de los personajes: una niña que aguarda su destino junto a una madre inmóvil; árboles que están prohibidos o que nunca dejan de estar tristes; una mujer a quien le arrebatan el sentido de su vida al bajar de un autobús; un cadáver putrefacto que se vuelve promesa de alimento y cuento de hadas; una fiesta a la que te invitan, pero no te abren la puerta...
Si bien el horror y la desdicha están presentes desde las primeras líneas y reaparecen a lo largo del libro, como saltimbanquis en una cuerda tensa y filosa, nunca cede Yolanda a la tentación del dramatismo, no hay una sola línea exuberante o desmedida aquí: las historias son contadas en una dimensión concreta, corpórea, exacta, desde la honestidad que solo puede tener quien ha conocido estos mundos muy de cerca.
Pero la crudeza de las experiencias narradas no deja de lado el placer estético de la escritura. Yolanda Loredo es una mujer que disfruta el acto de escribir. Que deja entrever la disciplina y las variadas lecturas que la han traído hasta este punto y han hecho posible la sobriedad impactante con la que nos narra estos cuentos.
No es su intención mostrarnos héroes, ni abnegadas mujeres que cumplen con un designio cultural, sino personas con matices emocionales y dilemas que a menudo acaban en la contradicción, y no son por ello mejores ni peores que nadie.
Cada historia, atravesada por una conciencia social aguda, es un retrato de una vida al margen, de esas que no llegarían a los libros si no fuera porque existen exploradores del alma humana como Yolanda —cuya mirada a ratos me recuerda la de Luis Buñuel en Los olvidados—, quien más allá de las pretensiones de nuestro tiempo, busca simplemente expresar la realidad, sin eufemismos, sin ansias de complacer, sin romantizar de ningún modo el amor ni la pobreza, pero sin perder la esperanza en el potencial humano para reconstruir el sentido vital y mantenerse en pie ante la tempestad.
Marisol Vera Guerra
* *
LA INOCENCIA ARDE SOBRE UN HORMIGUERO
Dicen que cuando una mamá se queda dormida en medio del llano, los pájaros dejan de cantar. Yo no los oí más. Solo escuché el viento que soplaba fuerte y caliente, como si quisiera arrancarnos del suelo.
Vivimos aquí, en este llano, desde hace tres días. Ella dice que no es para siempre, que estamos esperando. Me dice que, si esta vez subimos al tren, todo será distinto. Pero no sé a qué se refiere con “esta vez”. Yo solo juego.
Apilo piedras y les pongo nombres: a veces una se llama pez, otra se llama luna; otra, insecto. Ella me sonríe cuando se las muestro, pero a veces su sonrisa es como si le doliera. Otras, me mira con los ojos fijos, como a través de una cortina muy gruesa.
Hoy la gente nos dio ocho pañales, media lata de leche, un litro y medio de agua. Ella les dice “gracias”, que ya no puede cargar más. Que la vez pasada no pudo trepar porque la mochila era muy pesada. Yo no entiendo qué quiere decir, pero sonrió. Le gusta que sonría.
El sol cae como plomo. Ella se recuesta en el escalón de concreto. Yo camino un poco, no muy lejos, hasta donde mis pasos pueden. Hago una sombrilla con un cartón que encontré y se la pongo a un hormiguero.
Me gusta ver cómo las hormigas suben por mis piernas, me hacen cosquillas. Le digo a mamá que parecen un ejército chiquito. Ella no responde. Tiene los ojos cerrados, pero su cara está tensa, como si estuviera peleando con algo dentro del sueño.
A veces la escucho decir cosas mientras duerme. A veces dice mi nombre. A veces tiembla. Yo intento no hacer ruido, no quiero despertarla, pero también tengo miedo. Miedo de que no despierte más. Miedo de que el tren pase y nos deje.
El agua ya casi se acaba: queda un poco y ella no me deja tomarla, dice que la guarde para cuando subamos. Pero yo tengo sed.
La tarde empieza a bajar. El cielo ya no arde, solo arde el suelo. Camino hacia donde ella duerme. La llamo bajito, luego más fuerte. No contesta. No se mueve. No abre los ojos. Me siento a su lado.
Veo el cartón que dejé volar y las hormigas cruzando su brazo dormido. Cuando despierte, le contaré que una piedra me habló, que el viento me empujó, que el sol me quemó un poco.
Entonces oigo el tren. Lejos pero claro. Como un rugido largo que parte la tarde en dos. Me pongo de pie, le grito. Alguien me jala el brazo, me dice que no la despierte y que me dará agua. Sé que despertará si le grito fuerte. Pero él parece tener razón, no debo gritarle y tengo sed, mucha sed.
El tren ya pasó, ya lo escucho lejos, muy lejos. Ya no tengo sed, ni hambre, ni ganas de llorar porque mamá ya no me escucha. Me quedo quieta junta a otras que tampoco se mueven, como ella, como yo. Me quedo en silencio. Porque eso hacemos: esperar.
Y mientras espero destapo los hormigueros. No sé por qué. Tal vez para que ellas sí puedan escapar.
Yolanda Loredo Meléndez
* *
Yolanda Loredo Meléndez es narradora, poeta, declamadora y promotora cultural. Desde 2015 colabora con Cadena Ciudadana de la Cultura en Nuevo León. Ha formado parte de diversas antologías de narrativa y poesía, y cuenta con un diplomado en literatura rusa impartido por la Cátedra Nikolái Gógol. En 2024 fue reconocida como una de las ganadoras del Concurso Nacional de Cuento de Escritoras MX. El sonido del agua en las calles vacías es su primer libro individual y ha sido presentado en la Feria Nacional del Libro de Escritoras Mexicanas FENALEM.
Marisol Vera Guerra es escritora y editora. Su obra transita entre la poesía, el cuento, el ensayo, la dramaturgia, el videopoema y el performance. Ha publicado 16 libros en México, Estados Unidos e Italia. Fundadora y directora de Ediciones Morgana. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio Nacional de Poesía Alma Karla Sandoval, 2025. Ha sido beneficiaria del PECDA en la disciplina de literatura, en la categoría de Jóvenes Creadores por el estado de Tamaulipas, y en la de Creadores con trayectoria, por el estado de Nuevo León. Seleccionada para participar en la 36 Feria Internacional del Libro de Medellín.




Comentarios