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En un mar de palabras…

  • Foto del escritor: Marisol Vera Guerra
    Marisol Vera Guerra
  • 19 jul
  • 9 min de lectura

por Bernabé Galicia Beltrán


Sobre una sombrilla, el viento que consuela y los ojos cerrados con la confianza puesta en la inventiva humana, en el destino al que nos llevarán las olas de la imaginación, entre caracolas, nubes, libros, pulpos y estrellas de mar, hacia las playas del lenguaje, donde es posible algún tipo de comunicación, aquella que nos permita relacionarnos de manera más pacífica y respetuosa, donde niñas, niños y adolescentes puedan expresarse con libertad tanto como divertirse, como nos sugiere la portada del libro LATIKA Literatura para las infancias, volumen 2.

En los festejos de Día de Muertos del año 2025 se terminó de editar el segundo volumen de LATIKA, colección de Ediciones Morgana que vio la luz en el 2023 y que tiene como fin promover la literatura escrita por y para las infancias, porque creemos que el arte construye, sana y enriquece la inteligencia, en el reconocimiento de la imaginación como el más grandioso poder del que ha sido dotada la naturaleza humana, pues ¿qué sería de la humanidad sin la imaginación?, ¿acaso, en tiempos del desarrollo de la Inteligencia Artificial, el poder creativo de la imaginación se nos apaga, se extingue?

Luego de una convocatoria de carácter internacional que se cerró el 14 de febrero de 2025 y en la que participaron más de doscientas propuestas de publicación, fueron seleccionados cincuenta autores de cuento y poesía de diversos estados de México y de otros países como Uruguay, Estados Unidos, España, Guatemala, Perú, Cuba, Francia, Argentina y Ecuador, así como se incluyeron tres autores invitados en reconocimiento a su trayectoria en la literatura infantil y juvenil: las mexicanas Kyra Galván y Yarezi Salazar, y el colombiano Andrés Galeano.


El comité editorial estuvo integrado por la escritora colombiana Luisa Villa Meriño y el mexicano Héctor Daniel Martínez que, para el presente volumen, no solo seleccionaron autores adultos, sino que también incluyeron a niñas, niños y adolescentes, en consecuencia con el objetivo que se ha propuesto la editorial regiomontana y como además se tuvo contemplado en la convocatoria al reservar espacio para estas categorías. Los cuentos y poemas publicados están ilustrados por Paola Carrera, Areceli Moreno Carrillo, María Pía Balvín Garrido, Lucy Morgana, Haku Vera, LATIKA y la compiladora y artífice de este proyecto, la escritora Marisol Vera Guerra.

Este segundo volumen de LATIKA Literatura para las infancias consta de 151 páginas y está dividido en cinco apartados, el primero de estos está reservado para los tres autores invitados: Kyra, Andrés y Yarezi, que en sendos relatos cuentan la historia de un pulpo escapista con sueños de libertad, la insólita relación de una niña y un monstruo y la constante lucha por vencer los miedos que nos constriñen, así como una tercera historia de búsqueda, hallazgos, flores y destino.


El siguiente apartado corresponde a la categoría A de cuentos de escritoras y escritores adultos, las historias que se narran son conmovedoras: “El luchador" y "Los monstruos de mamá"; hermosas como “Perro abeja”; divertidas e intrigantes: “El misterio de la muñeca descabezada", “La mujer que deseaba dormir cien años", “Como el Principito", “El vendedor de hoyos", pero también reflexivas como “El mosquito y el espejo", “Funesto el lobo" o “Gloria Siete Cabezas" donde podemos quedarnos con estas líneas para meditar: Si lo piensas bien, verás que el problema no es equivocarnos. Lo que debemos evitar es seguir en el error. Usa tu voluntad para propósitos mejores; respeta y respétate a ti misma, esto es, el respeto a la dignidad inherente a toda persona, o podemos reflexionar acerca de la libertad de expresión, como apunta Lucy Morgana sobre el cuento “El asombroso poder de las palabras": es muy bonito, nos enseña que los niños deberíamos expresarnos más, sin ser reprimidos todo el tiempo por los adultos, quienes creen que algunas palabras son malas cuando les incomodan o están fuera de lo común.

Y siguen las narraciones en la categoría de escritoras y escritores adultos con un par de relatos que llevan por título “El primer año de mamá" y “¡Brilla, Centellina!", que nos pueden dar claves a chicos y grandes para enfrentar aquellos momentos en que las emociones no están del todo claras. Estos cuentos abren paso a una historia en extremo rara y divertida acerca de un chango que es un maestro de escuela y realiza su trabajo con dedicación y amor, el profesor Hermonogildo, pero, vamos, qué de extraño hay en esto si recordamos que un caballo llegó a ser un cónsul importante en otra ocasión, como apunta el autor J. R. Spinoza con la esperanza de que cada lector descubra el poder de creer en lo imposible y emprenda el vuelo con alas propias.

Entre las propuestas internacionales que respondieron a la convocatoria de Ediciones Morgana, se encuentra la historia de “La payasa Dámasa", que desde España evoca aquellos días de confinamiento y sana distancia, cuando teníamos que permanecer en casa sin poder salir a parques ni plazas, así como Eduardo Villarreal de los Reyes, radicado en Brownsville, Texas, que participa con el relato de un pequeño que sufre un accidente, “Pesadillas no son quesadillas de pescado", pero que logra superar el desafortunado evento con la ayuda de su papá, su mamá, sus amigos y un cuidador de sueños.

“La tía Emma" es un cuento sobre los afectos y la manera en que los compartimos con los demás, y si bien los personajes de estas historias son conejos o changos o pulpos o lobos o dinosaurios o hasta un perro abeja, los verdaderos protagonistas, no obstante, son las niñas, niños y adolescentes que con el poder de la imaginación hacen nacer un río en un salón de clases o entablan amistad con una jirafa en medio de una ciudad o dan su merecido a los malvados vecinos o consiguen que un equipo de fútbol, que pierde todo los partidos, gane con una pelota mágica. Este apartado de cuentos escritos por adultos cierra con un relato que sugiere un par de actividades para que las infancias construyan un mundo tranquilo.

El tercer apartado está reservado para cuentos escritos por las infancias y adolescencias, y es notable que, en esta categoría, las participaciones fueron todas femeninas: “La dura vida de un gato (y su bigote retorcido)", de Sophia Vera del Ángel, sobre un elegante gato negro con siniestras intenciones que no van más allá de sus narices; “El viajero del tiempo", de María Pía Balvín Garrido, sobre un conejito que llega a ser emperador de los conejos aztecas y, en otra oportunidad, regresa del futuro al presente para advertir de las terribles consecuencias de la contaminación humana.


Desde Houston, Estados Unidos, Saskia Mogollón A. y Emilyah Richiardi nos comparten un relato a la manera de los mitos cosmogónicos que hay en las diversas culturas del mundo: “Cosmogonía del eclipse"; y Daniela Alejandra Leal Amaya, en “La magia de las luces perdidas", nos cuenta sobre un niña que se adentra en el bosque para recordarnos que la valentía y la bondad pueden iluminar hasta el rincón más oscuro y que la magia verdadera nace del corazón.

En tanto, "Mi gigante guardián", de María Fernanda Dávila Cadena, es la historia de una pequeña princesa de piel acanelada, cabello negro y grandes y redondos ojos cafés que tiene por amigo un noble gigante de ojos pétreos y nariz de madera; y, de Salina Cruz, Oaxaca, Ana Karina Ojeda Ramírez escribe un breve relato en el que su protagonista, a mitad de un viaje espacial, recuerda el cumpleaños de su mamá: “El día es hoy".

Ahora bien, ante el cuarto apartado del volumen 2 de LATIKA, me detengo y me pregunto si no estaré abordando mal esta antología literaria cuyos destinatarios son niñas, niños y adolescentes, aunque no de manera exclusiva, pues la buena literatura repele cualquier encasillamiento que, más bien, le son impuestos externamente o responden a motivos de carácter comercial, es decir, no forman parte de sus características y limitan, eso sí, sus posibilidades, no obstante, cuando tengo revisada más de la mitad del libro y estoy por pasar a la lectura de las secciones reservadas al género lírico, no puedo evitar preguntarme acerca de la manera adecuada de abordar la literatura y, cuanto más, la poesía escritas por y para las infancias, y, pese a estas dudas, que son muy válidas, sigo adelante con la categoría A de escritoras y escritores adultos de poesía.


Lo primero que destaco del cuarto apartado es el respeto que las autoras y autores demuestran por los posibles lectores, es decir, las niñas, niños y adolescentes a quienes están destinados los poemas seleccionados, así como la capacidad de Ediciones Morgana para convocar a escritores de trayectoria sobresaliente en la creación y promoción de la literatura, y el cuidadoso trabajo del comité editorial que, en suma, da por resultado una colección de poesía de calidad suficiente, con la seriedad y dificultad que esto conlleva, porque escribir para las infancias requiere estar en la misma frecuencia que estas, apropiarse de su lengua, conocer sus códigos, ver el mundo con una mirada fresca, sensible a lo imprevisible y lo indeterminado, veamos, por ejemplo, la factura de este par de estrofas:

 

Terrible y sin sentido,

el hombre ha destruido

lo bello de la creación

con su arpón sin corazón.

 

O el nocturno resplandor de estos versos que anticipan el cambio de fortuna de una ostra que ha perdido un diente:

 

Y justo al caer la noche,

su tristeza hizo derroche

llenándola de infortunio,

noche de plata en plenilunio,

 

¿Cómo, entonces, se ha de comentar la poesía para las infancias y adolescencias? ¿Las rebosantes ensoñaciones que se transforman en versos? ¿El eterno reposo de un dinosaurio que se transmuta en juguete? ¿El viaje de un gato en el autobús nocturno de la imaginación? Larga y parsimoniosa es la espera, el mar solloza, la noche canta el sueño de la poesía y sobreviene cierto desasosiego cuando Tere Acosta se pregunta dónde se esconde la felicidad, y, al pasar las páginas como los días pasa la semana, mariposas de colores brotan de una ronda infantil y los animales le cantan una nana a su amiga la jirafa: ¡Sana, sana, / culito de rana!, porque

 

Tiene doña Jirafa

un gran resfriado

por beber el agua fresca

que trajo un nublado.


 

Continúa la sección de poesía de escritores adultos y es el turno de Santiago Alfonso Canto Sosa que, en estrofas de cuatro versos, recorre siete jornadas desde la Península de Yucatán:

 

Con el domingo empiezo

la semana en la calle;

hacen fiesta los niños,

los viejos y las madres.

 

O, bien, nuestra antología literaria traspasa la frontera sur de México y planta pies, cuerpo y espíritu en Guatemala para tejer la casa del colibrí, para cantar y danzar con la abuela Jengibre, boca de polen, y su nieta Fruta Silvestre, alas de mariposa en el corazón de las flores:

 

Escucha el sonido de las risas

y las voces de las niñas.

Teje colibríes,

“danza como colibrí”.

 

Fruta Silvestre tejió: “sonreír es mi sonido”.

 

Llegó la noche,

la abuela Jengibre dijo:

Cuando la luna sonríe, es luna creciente,

“crece como tú”.

 

Descansa, mañana danzaremos.

 

Y el pedagogo Jesús Briseño Vázquez, nacido en la Ciudad de México un año antes del levantamiento zapatista de 1994, participa en LATIKA con un par de estrofas que tienen por título Leyenda:

 

Bajo el huipil del cosmos,

en cuna de nubarrón,

un pajarito sueña

que prende su cola

como un cohete.

 

Cuando despierta

ya no es más pajarito:

es el mediodía

con el sol en el vientre.

 

En el poema Mirar al revés, Pamela González enuncia el miedo y el dolor, pero también la alegría, así como desde pequeña aprendió, en las páginas del diccionario, a nombrar su experiencia en el mundo; y, desde Ecuador, Silvia Pérez Portilla pide que no olvidemos lo más esencial y que la tecnología no nos impida disfrutar el mar, el bosque, los juegos, es decir, los dones de la vida; en tanto, Laura Puente pone de manifiesto la poesía que acompaña a los fenómenos atmosféricos, Luisa Govela nos invita a viajar en la chancla voladora convertida en nave espacial y Allisson Maltez cierra el cuarto apartado con un poema que evoca, desde Nicaragua, las ausencias de una niña y su madre: “Papá vuela en una lapa".

Y decíamos, entonces, que la antología LATIKA ha sido pensada con la intención de llegar a niñas, niños y adolescentes, aunque esto no la limita, ya que cualquier persona, a la edad que sea, puede disfrutar los textos seleccionados, siempre que en su espíritu sienta alguna inclinación por la fantasía y la comunicación rítmica de las palabras, por la expresión de las emociones y la belleza de la lengua oral, escrita o como memoria, siempre que haya la disposición de compartir una historia, contar un cuento, cantar y creer en lo imposible; así pues, en la última sección de LATIKA, volumen 2, encontramos la obra de cuatro pequeños poetas: Keyla Mendoza Arbona y Osvaldo Bastida Zavaleta, de Salina Cruz, Oaxaca; Cristina Quetzalli Galicia Solís, de Mérida, Yucatán, y Olivia Dima Baigorrí, nacida en el Mediterráneo y radicada en Argentina, que con la mirada propia de las infancias y el poder de la imaginación recrean seres y lugares fantásticos, cantan los prodigios del mar y los enigmas de la vida y proponen, en suma, a la poesía como una forma de comunión que reconcilie la experiencia humana con el mundo natural, las estrellas, los planetas y todo lo existente:

 

Noche de luz

y de amor.

Todos se reúnen

para tener amistad.

 

Querétaro a 3 de julio de 2026


Referencia

Vera Guerra, M. (coord.ª), LATIKA Literatura para las infancias, vol. 2, Monterrey, Ediciones Morgana, 2025.


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Bernabé Galicia Beltrán (Ciudad de México) tiene publicados poemas, artículos y ensayos en revistas y medios nacionales e internacionales, así como el monólogo ¿Le pasó esto alguna vez a Cervantes? (Herring Publishers, 2013). Es Licenciado en Sociología por la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha sido traducido a la lengua totonaca y al náhuatl, y sus poemas han sido incluidos en diferentes antologías del Grupo Cultural OCCEG de Papantla, Veracruz, y en la antología Renacer en primavera de Ediciones Afrodita (Córdoba, Argentina).

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